Un amigo me preguntó si le iba más al Cruz Azul o al Arsenal, y la respuesta es muy sencilla: Obviamente, al Cruz Azul, aunque sí incluye un matiz importante.
Cruz Azul fue el equipo con el que crecí. Todavía recuerdo que la única vez que lo vi campeón (antes del campeonato de 2021) fue en el invierno de 1997, justo el día de mi Primera Comunión. En mi inocencia de niño, yo solo quería que el sacerdote terminara rápido la misa para alcanzar a ver la recta final del partido contra el León.
Tan rápido como recibí el Santísimo Sacramento y probé mi primera hostia, salí corriendo a mi casa (la iglesia quedaba a unas cuantas cuadras) y me topé con la recta final del partido entre Cruz Azul vs León. La barbacoa de ese día me supo a gloria.
El desenlace de aquella final fue épico: El portero del León, Ángel David Comizzo, le dio una bestial patada en la cara al delantero estrella de la máquina, Carlos Hermosillo, que lo dejó derramando sangre por toda su cara.
Si Cruz Azul metía el penal, sería campeón del torneo Invierno 97. Y como toda una leyenda del club, Hermosillo aceptó el reto de tirar el penal, a pesar de que su playera blanca estaba empapada de sangre.
Mi héroe de la infancia anotó aquel penal y la máquina fue campeón. Era el prime de Cruz Azul.
Creo que Diosito quiso que alcanzara a ver ese momento, porque tuvieron que pasar 23 años para que volviera a ver campeón a mi equipo.
Incluso, durante esa época nació un nuevo verbo en el argot mexicano: ‘cruzazulear’.
Mientras sufría a nivel local, durante esas épocas, también conocí el futbol internacional.
Pero por ahí del 2002, contrataron en mi casa Sky (para ver el novedoso programa de Big Brother). Y de repente me topé con que existían canales especializados que transmitían deportes las 24 horas del día.
En esos años, tuve la fortuna de ver al Arsenal de los Invencibles. Dirigidos por el técnico francés Arsène Wenger. Era un verdadero equipazo.
Mientras que en México se glorificaban a equipos como el Toros Neza, ya que sus jugadores usaban máscaras chistosas antes de los partidos, en Inglaterra se celebraba que un equipo ganaría el torneo INVICTO.
Ese equipo del Arsenal me enseñó otra forma de ver el futbol.
Nunca voy a olvidar a Ashley Cole, al capitán Patrick Vieira, Robert Pirès, Dennis Bergkamp y sobre todo, el alma de ese equipo: Thierry Henry.
Por ese entonces, me compraron un PlayStation 1, y recuerdo que uno de los juegos que me acabé por completo fue el FIFA Soccer 2004.
En ese año, EA Sports instauró una increíble modalidad llamada ‘Modo Carrera’.
Para un adolescente tímido, con pocos amigos, y no muchas cosas por hacer después de la escuela, ese tipo de juegos eran la gloria para mí.
De hecho, a partir de ese año hasta la fecha, soy un asiduo jugador del modo carrera de FIFA (ahora FC Club), y TODOS los años he jugado con el mismo equipo: El Arsenal.
Además, no solo me limitaba a jugar el videojuego. También hacía listas con Excel, investigaba en internet sobre sus vidas, daba conferencias de prensa en mi mente después de cada noche de juego, veía futbol y canales de YouTube con la esperanza de llevar a una joven promesa al Arsenal.
Conozco a todos los jugadores que han pasado por ahí, desde el mexicano, Carlos Vela, al divertido-cretino de Nicklas ‘Lord’ Bendtner, hasta grandes jugadores que merecían muchísimo más (Mesut Ozil, Cesc Fábregas, Aarón Ramsey, Alexis Sánchez, por mencionar algunos).
Incluso, mientras jugaba, conocí grandes grupos y canciones que acompañaban al juego como Gorillaz (19-2000), Afrobots (Favela Rock), Bomba Estéreo (Fuego), Children Collide (Skeleton Dance), Fidel Nadal (International Love), Los Fabulosos Cadillacs (La luz del ritmo), Instituto Mexicano del Sonido (Alocatel) y sobre todo The Temper Tramp (Science os Fear) y John Newman (Love me again).
Le tomé mucho cariño al Arsenal y a esas eternas noches, a pesar de que, desde hace poco más de 22 años, jamás volvieron a ganar la Premier League. Eran mis chicos.
Por muchos años, debo aceptar que llegué a pensar: “Rayos, también le voy al Cruz Azul de Inglaterra”.
Sin embargo, este año tenía una fuerte corazonada de que sería el año bueno del Arsenal.
No quiero resumir toda la temporada en este espacio, pero sí me quedaré con un momento clave.
A unas cuantas fechas de que terminara el torneo, Arsenal se enfrentó al segundo lugar de la competencia, su acérrimo rival, el Manchester City. Lamentablemente, perdió el partido y los fantasmas del segundo lugar acecharon inmediatamente.
Arsenal ya venía perdiendo todos los puntos que llevaba de ventaja, al grado que después de ese partido, ya no dependía de ellos ganar la Premier League. Ahora la pelota estaba del lado de los ciudadanos de Manchester. Si ambos equipos ganaban todos los partidos de la temporada, el campeón sería el Manchester City de Guardiola.
Sin embargo, enfrente de tanto caos, el mediocampista del Arsenal, Declan Rice, expresó la frase: “It’s not done” (no está hecho).
Arsenal no volvió a perder ningún partido y el City perdió cuatro puntos en el camino.
Moraleja: “A la adversidad la tienes que enfrentar con valor, sin tibiezas”.
Este martes, Arsenal volvió a ser campeón después de 22 años sin serlo. Sentí que el Héctor de 15 años que comenzó a irle a un equipo tan lejano (y al que espero ver presencialmente algún día), fue muy feliz.
Cuando una persona elige un equipo de futbol, es porque hay algo que lo cautiva: su playera, estadio, jugadores o su esencia. Sabes que formas parte de un colectivo más grande.
Sería muy fácil irle al América o al Real Madrid, equipos ganadores que triunfan siempre. Pero yo decidí irles a los equipos que no ganan nunca.
Y cuando logran triunfar se disfruta muchísimo más.
Por más que siempre seas segundo lugar en la vida, recuerda que si eres constante y trabajas por lo que amas, siempre llegará tu momento.
“It’s not done”.



