sábado, abril 13, 2024
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¿Vale la pena estudiar una maestría en periodismo?

En un par de semanas terminaré mi primer semestre de la maestría en periodismo económico que estoy estudiando en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, pero hay una pregunta que no ha dejado de hacer ruido mi cabeza durante las últimas semanas… ¿vale la pena seguir?, ¿cuál es mi ‘corte de caja’ hasta el momento?, vamos por partes.

Puntos positivos que me alientan a seguir estudiando

Hace tiempo, cuando terminé de estudiar la carrera de economía le comenté a un profesor mi intención de estudiar una maestría, sin embargo, me recomendó que primero ‘chambeara’ unos años y que la estudiara después, ya que la aprovecharía más si acumulaba experiencia laboral. Y no se equivocó.

Actualmente, ya casi voy a cumplir seis años trabajando en El Financiero. A lo largo de este tiempo he tenido la oportunidad de abordar diversos temas, ya que comencé cubriendo indicadores macroeconómicos de coyuntura, pero he pasado por diversas áreas que van desde comercio exterior, agricultura, banca, finanzas personales hasta energía.

En este tiempo he logrado vivir diversas experiencias, como asistir a conferencias de prensa, viajar para cubrir eventos, publicar en un medio de comunicación relevante, conocer fuentes de información, interactuar con otros reporteros de otros medios, entre otras cosas.

Gracias a todo esto he notado que puedo realizar aportaciones de valor en clase, pero no sólo eso, sino que lo que aprendo en la maestría puedo aplicarlo, casi de manera inmediata, en mi trabajo, lo que me parece un gran aliciente para reinventarme y mejorar.

En seis meses de maestría he aprendido que los temas legales importan (y mucho) en el ejercicio del periodismo. He leído sobre diversos autores que le han dado forma y fondo al periodismo en el siglo XXI, vaya, adquirí cultura general.

Pero, sobre todo, creo que uno de los aprendizajes más importantes que logrado llevarme son los relacionados con la ética periodística. Me ha ayudado mucho leer manuales de estilo de diversos medios de comunicación para saber a fondo los derechos y obligaciones que tengo como periodista.

Y aunque a diario sabemos que la verificación de la información es una obligación, ahora lo tengo más claro que nunca. En fin, tengo planeado escribir muchos artículos al respecto, así que, por ahora, no profundizaré en eso.

Así que he llegado a la conclusión que, por el lado académico, me está sirviendo estudiar la maestría, además de que he conocido profesores en activo que nos comparten anécdotas que valen oro. Nunca hay que dejar de hacer contactos, no sabes cuando vas a necesitarlos.

Otro aliciente para continuar estudiando son mis compañeros de clase. Debido a que la maestría en periodismo económico no tiene la suficiente demanda para llenar un salón de clases, me ha tocado compartir clases con los alumnos de periodismo político, y me encanta que todos tienen objetivos diferentes.

No todos mis compañeros son periodistas en activo, hay personas que trabajan en áreas de comunicación social, gobierno, en ONG’s o incluso, hay quienes ya están jubilados y desean seguir preparándose. Así que las conversaciones y las aportaciones durante las clases son bastante diversas e interesantes, lo que me encanta.

También hay compañeros que ejercen el periodismo en medios tradicionales y en ‘medios alternativos’, como son las redes sociales, así que como lo mencione hace algunos párrafos, nunca está demás hacer ‘networking’.

También me ha dado mucho gusto que la Escuela de Periodismo Carlos Septién García se esmera mucho por ser una mejor institución académica.

La Septién es mucho mejor escuela que cuando estudié la licenciatura, por ahí del 2008-2012. (Hace ya casi una década). Un plus que ofrece la escuela es tomar sesiones online, lo que ya aproveché, ya que cuando tomé una semana de vacaciones, pude tomar clases desde Playa del Carmen. Así que ese siempre será un punto a favor.

Una razón adicional tiene que ver con la de no dejar que el cerebro se atrofie. Después de la pandemia, siento que me ha costado mucho trabajo motivarme. Así que necesitaba, urgentemente, salir de casa y ponerme nuevas metas, conocer nuevas personas y ¿porqué no? Volver a sentir la mariposa de la competencia.

Además, una gran ventaja de la maestría de la Septién es que las clases, por ahora, únicamente son los sábados… aunque creo que ya es momento de pasar a las ‘cosas que no me gustan tanto’.

Lo aspectos difíciles

Como todo en la vida, siempre habrá retos que debemos superar para alcanzar metas.

Quiero comenzar con un asunto que no tiene mucho que ver con la institución y el programa académico pero que termina pesando, el tema económico.

¡Vaya que es difícil seguir preparándose en México!, no quiero sonar a víctima, pero las personas que me conocen saben que hace un año, quise estudiar la maestría en Periodismo y Política Públicas en el CIDE, sin embargo, la 4T desapareció este programa académico, por lo que todos los alumnos aceptados tuvimos que buscar otras opciones.

Lamentablemente, en México no hay muchos programas académicos en periodismo.

Como anécdota, puedo agregar que cuando mis compañeros de generación y yo fuimos informados de que desaparecería la maestría en periodismo del CIDE, hubo maestros que, de manera muy generosa, nos ofrecieron una beca de 90% en una universidad privada de gran prestigio, pero no pude tomar esa oportunidad porque me quedaba demasiado lejos, lo que me llevaría a gastar demasiado dinero tan solo en transporte, además de que las clases eran diarias.

Cuando decidí entrar a estudiar a la Septién, me agradó mucho que las clases solo se impartieran los sábados.

Sin embargo, debo aceptar que después de una semana laboral, tu cuerpo y mente también necesitan un tiempo para recuperarse y descansar, y estudiar los sábados me ha metido una presión adicional.

Incluso, cuando tomé vacaciones en mi trabajo, se me juntaron dos trabajos de la maestría y tuve que dedicar dos días de mis vacaciones en Cancún para sentarme a leer y hacer mis tareas.

Vaya, el punto negativo no consiste en quejarme de que me dejen tareas, no va por ahí. Sino en que estudiar una maestría y trabajar puede traer una presión adicional a tu vida que, muy probablemente, ya no necesitas. Y no solo en el aspecto académico, como hacer tareas, lecturas, trabajos finales, asistir a clases, entre otras cosas, sino hasta en las colegiaturas.

Para nadie es un secreto que los periodistas no somos ricos, y destinar 5 mil pesos al mes para pagar la colegiatura de la escuela no es cualquier cosa.

Yo ya me había mentalizado que durante el año y medio de la maestría viviría en ‘austeridad republicana’, pero hasta conseguí una novia (a la que quiero mucho y me motiva a ser mejor todos los días).

Sin embargo, te pones a pensar: “Con ese dinero nos podríamos ir de escapada de fin de semana a un Pueblito Mágico a disfrutar de la vida, sin embargo, lo destinaré para seguir estudiando”.

En México no existen becas o apoyos económicos para los profesionistas que quieren seguir preparándose, ya que es considerado ‘aspiracionista’ y para tratar de obtener una beca de la SEP (que casi siempre es irrisoria), tienes que vivir, prácticamente, en una casa con un solo foco y cocinar en parrilla eléctrica (si tienes un firulais al que se le marquen las costillas, también te pasan direcciones de comedores comunitarios).

A pesar de que el dinero es un reto para seguir, creo que la inversión valdrá la pena hacia futuro… ¿pero eso es cierto?

Creo que, para ejercer el periodismo en un medio de comunicación, ni siquiera es necesario contar con estudios de licenciatura. Solo basta tener mucha disposición de aprender y forjar el oficio durante el día a día.

Obviamente, si tienes estudios, la carrera es más sencilla. Pero a diferencia de otras carreras, una maestría no te generará, tan fácilmente, mejores oportunidades laborales, ya que pesa más el prestigio que vayas construyendo, que un papelito. 

Sin embargo, la maestría podría servirme si decido obtener un segundo trabajo, como impartir clases, ya que, para postularse a esos empleos, te piden maestría o estudios de posgrado, así que ese es un buen aliciente para continuar estudiando.

Dividir tu tiempo entre escuela y trabajo también provoca el famoso ‘burn out’, que se puede traducir en agotamiento mental, emocional y físico. Además de ‘quitarme’ tiempo para invertir en otros proyectos personales, como tener un podcast, alimentar este blog, hacer ejercicio, salir con mi novia, retomar la producción teatral, entre otras cosas.

Y lo ‘peor’ es que conforme vayamos avanzado en trimestres, necesitaremos dedicarle más horas a la maestría, sin olvidar que debemos hacer una tesis (lo que ya me estresa).

Sin embargo, aplicaré la máxima de los alcohólicos anónimos “un día a la vez”, en mi caso será “un trimestre a la vez”.

No quiero darme por vencido, por lo que este texto sirve mucho para desahogarme y dejar un antecedente de que el estudio de la maestría no fue sencillo y que debo disfrutar más el camino. 

 

Héctor Usla
Héctor Uslahttps://www.escenarioeconomico.com
Soy un fiel seguidor a los periódicos impresos, me gusta ensuciarme las manos con tinta al leerlos. Estudié en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y en la (gran) Facultad de Economía de la UNAM. También soy aficionado a las artes escénicas y adicto al café.

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