En esas largas horas del vuelo México-Paraguay (unas 10 horas de ida y otras 10 de vuelta), pude terminar de leer y hacer anotaciones del libro “Ni Venganza, ni perdón” escrito por Julio Scherer Ibarra, abogado de AMLO durante poco más de 3 años de su sexenio.
No quiero escribir una reseña del libro, porque ya hay muchas en internet, pero quiero enlistar una serie de momentos clave que nos permiten comprender mejor quien era AMLO, claro, desde el punto de vista de Julio Scherer, una de las personas más allegadas y de confianza del expresidente (y que muchas de ellas coinciden con lo que vimos diariamente durante su sexenio).
Como nota al calce, solo quiero establecer el motivo por el que decidí escribir esto. Hace unos meses, me pelee con uno de mis mejores amigos de la Facultad de Economía (él sabe quién es). ¿El motivo?, básicamente, tiene que ver con los personajes y el movimiento de la Cuarta Transformación.
En estos momentos, ya nos contentamos y reanudamos nuestra amistad, pero me dejó pensando… ¿y si no estoy viendo la película completa de quién es AMLO?, digo, yo nunca voté por él en ninguna de las elecciones presidenciales donde participó (2006-2012-2018) pero igual, y se merece una oportunidad de valorizarlo de otra forma, de todas formas, es innegable que pasará a la historia como uno de los presidentes más ‘relevantes’ de la historia del país.
Así que quiero enlistar cinco historias que encontré en el libro y que me permitieron confirmar lo que pienso sobre él, o en todo caso, cambiar de opinión. Al final, diré el resultado.
1. AMLO se negaba a adquirir un seguro de vida.
Hay una palabra que define a AMLO para bien y para mal, necio. Por allá del 2013, en medio de las discusiones de la Reforma Energética de Peña Nieto y un año después de haber perdido las elecciones presidenciales de 2012, López Obrador sufría de mucho estrés e hipertensión, además, aceptémoslo, no es la persona con la mejor alimentación del mundo (es el Rey de los tamales de chipilín y las fritangas).
Julio Scherer, amigo íntimo de AMLO, le propone adquirir un seguro de gastos médicos mayores. AMLO se negó rotundamente, eso era para gente fifí. A pesar de que su esposa, Beatriz Gutiérrez Muller y Julio Scherer le insistieron mucho en contratarlo, jamás lograron hacerlo cambiar de opinión. Sin embargo, en modo secreto, le sacaron uno.
En poco menos de un mes, se infartó. Obviamente, no se atendió en el ISSSTE ni el IMSS, fue a Médica Sur. La cuenta, enorme. AMLO estaba preocupado porque pues, nunca tuvo un trabajo fijo, vivía de donaciones del pueblo y apoyos partidistas, así que no sabía como iban a pagar el hospital.
Aunque el presidente Peña Nieto les ofreció pagar todos los gastos, el seguro médico que su esposa y su amigo le sacaron a escondidas, le evitó endeudarse de por vida. Al final, le dio gusto haber contado con el seguro y prosiguió con su vida, pero su ideología no cambió, siempre prefirió ahorros pequeños, a adquirir cosas que consideraban superfluas (como fue el caso del Fondo de Desastres Naturales FONDEN).
2. El glifosato y la sanidad animal.
No quiero aburrirlos con temas técnicos, pero estos dos casos exponen como AMLO se dejaba guiar por ‘creencias’ en vez de la ‘ciencia’, a la que siempre despreció.
AMLO no quería gastar en programas de sanidad animal, ya que consideraba que eran puras ‘gastaderas de dinero’, pero el secretario de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), Víctor Villalobos, un hombre capaz y técnico, siempre le dijo que era necesario, ya que, de lo contrario, habría problemas con importaciones de vacas y la exportación de carne.
Se recortó el presupuesto en ese tema y bueno, el país tuvo muchos problemas con ese tema, como bloqueos comerciales en la frontera con Estados Unidos, por no cumplir con algo tan básico.
Pero el caso más emblemático fue el del glifosato, un producto que elimina la hierba que crece entre los cultivos y las plagas. No hay ningún sustituto para ese producto y es clave en la agricultura.
Sin embargo, se dejó embaucar por diversas personas, como Hugo López-Gatell (que tiene su propio puesto del ranking más adelante), María Elena Álvarez-Buylla, directora de CONACYT y Víctor Suárez Carrera, subsecretario de autosuficiencia alimentaria de SADER para que el país dejara de importarlo, ya que lo consideraban dañino para la salud.
El tema escaló a tal grado, que se convirtió en una controversia en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) porque la decisión de prohibirlo no tenía ningún sustento.
Tuvieron que dar marcha atrás a su restricción y actualmente, se sigue importando, ya que el CONACYT, sigue intentando encontrar un sustituto para ese producto. Una muestra más de que actuaban bajo impulsos y desdeñaban a la ciencia.
3. Diferencias con Carlos Urzúa, secretario de Hacienda.
AMLO sabía mucho de política, pero no de economía. Según Scherer, era un mal administrador. A él no le importaba cómo, pero tenía que haber dinero para sus proyectos insignia, como la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya.
Por estas razones, tuvo importantes diferencias con Carlos Urzúa, su primer secretario de Hacienda. Urzúa sabía que el Paquete Económico tenía que cumplir con normativas muy específicas, pero para AMLO eso era neoliberal, cuando vio su propuesta de Paquete Económico la desdeñó, y dijo que él enviaría su propuesta.
A AMLO le daba igual si las cuentas no cuadraban, si los gastos superaban a los ingresos, él necesitaba cumplir sus promesas de campaña, independientemente de si eran viable o no, Pero Carlos Urzúa tuvo la suficiente dignidad para renunciar y darse su lugar, ya que sabía de los enormes problemas que causaría un manejo irresponsable de las finanzas públicas.
Algo similar pasó con Gerardo Esquivel, quien, a inicios del sexenio, estaba contemplado para subsecretario de egresos de Hacienda. Ni siquiera llegó al cargo, las diferencias fueron enormes.
Por eso AMLO siempre desdeñó a la economía, porque no le entendía, y no por nada, cerró su sexenio con déficit de 5.7 por ciento del PIB, casi 2 billones de pesos. Y bueno, de crecimiento económico (PIB), mejor ni hablamos. Hubo avances en desarrollo económico, sí, pero a costa de otras cosas.
Y de pilón, no olvidemos que, a su segundo secretario de Hacienda, Arturo Herrera, le hizo una enorme… ‘gatada’, de anunciar que lo quitaría de Hacienda para liderar la Junta de Gobierno del Banco de México, y no le cumplió.
4. La secretaria de las refinerías y Bartlett
Las incongruencias fueron el pan nuestro de cada día. Aunque AMLO se pasó su sexenio entero recordando lo malévolos que fueron los Gobierno neoliberales, colocó al frente de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a Manuel Bartlett, artífice del ‘fraude electoral’ de 1988.
Julio Scherer no se llevaba nada bien con Bartlett, entre otras cosas, porque amenazó de muerte a su papá, Julio Scherer, el histórico fundador y director de la revista Proceso.
En el libro, se menciona como la misión de Bartlett en CFE se basó en perjudicar a la inversión privada, entre los que destacaron los contratos ‘leoninos’ de transporte de gas con los privados, ya que consideraba que la CFE estaba pagando miles de millones de pesos por ductos que no transportaban gas.
Bartlett influyó mucho en el presidente para que tomara decisiones drásticas contra los privados, al grado de permitirle lanzar una iniciativa de reforma energética, que, por cierto, fue bateada en el Congreso.
El otro tema relevante es que AMLO consideraba que la Secretaría de Energía no servía para nada, y que Rocío Nahle debería ser renombrada como la “secretaria de las refinerías”, ya que la mayoría de su tiempo se la pasó en Tabasco, construyendo la refinería de Dos Bocas, mientras la parálisis regulatoria afectó a los inversionistas privados del sector energético.
Incluso, le quiso aplicar la misma a Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, al quererla nombrar como “secretaria de Ayotzinapa”, ya que su prioridad era que se resolviera ese caso, no le importaba que no hiciera nada más. Otra vez, las ocurrencias, a la que se suman cosas como la rifa del avión, la mega farmacia, etc.
5. Un personaje rencoroso.
AMLO acumuló mucho rencor a lo largo de los años, le molestaba mucho que lo contradijeran y que le señalaran sus errores. Por eso su forma de elegir al personal de su equipo siempre fue 90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de capacidad.
Julio Scherer estaba seguro de que había muchísimas personas incompetentes en el Gobierno, pero como eran leales, se ganaban su puesto. Cuando Scherer decide renunciar a su puesto como consejero jurídico, AMLO lo trata de convencer de quedarse de mil formas, hasta le ofreció la Secretaría del Trabajo, que ocupaba Luisa María Alcalde, ser ministro de la Corte o lo que él quisiera, pero no logró que cambiara de opinión.
Al salir del gobierno, Julio Scherer fue sujeto a muchas persecuciones, que están de más enumerar aquí, todas derivadas de un mensaje que le advirtió AMLO antes de partir: “Nadamás te quiero decir algo importante. Yo creo que has tenido tal poder que, cuando salgas del Gobierno va a haber mucha gente que te va a querer lastimar, por eso quiero que sigas conmigo, para cuidarte”.
Conclusión: El libro de Scherer no está dedicado a atacar a AMLO, incluso, resalta sus grandes momentos de amistad, como que solían hacer comidas de cuatro (ellos dos con sus esposas) para comer caldos (una de las comidas favoritas de López Obrador), y el gran respeto que le tenía a su padre, al grado de llamarlo ‘hermano’.
Pero para AMLO, nada de eso importa, si le fallas una vez, te borra del mapa, tal como le sucedió a César Yáñez, uno de sus principales operadores políticos desde antes de que iniciara el gobierno y al que eliminó completamente de su vista cuando lo criticó la sociedad por la enorme boda que organizó.
No le importó la amistad ni todos los momentos juntos. Si no le aportan, los borra, sencillo.
¿Porque yo nunca confié en él?, por este tipo de situaciones, donde te hacía creer que el destino del país radica en un solo hombre, y que a cada momento te quiere resaltar la diferencia que implica estar en el “lado correcto de la historia”.
En términos de cómics, un héroe como Batman, no le importa ser reconocido y no le importa llevarse el crédito de sus buenas acciones, no por nada, una de sus frases más recordadas es “Mueres siendo un héroe, o vives lo suficiente para convertirte en villano”.
AMLO es eso. Hizo cosas buenas, sí, pero también hay muchas cosas que nunca me terminaron de convencer de su forma de ser y actuar. Y bueno, el libro no hace nadamás que confirmarlo. (Incluso su último libro ‘Gracias’, que también ya leí y muestra esta misma pintura de su persona, solo que más adornada).



