Hace años, escuché una frase muy ‘reveladora’ en unos de mis podcasts favoritos (Desafora2), “Cuando comienzas a pensar en la lista del super en medio de una función, ya es demasiado tarde, el espectador ya se perdió y es muy difícil recuperarlo”.
Eso justamente fue lo que me pasó con la película “1938, Cuando el petróleo fue nuestro” de Sergio Olhovich.
Antes de comenzar a comentar lo que me pareció la película, me parece relevante explicar la razón por la que decidí ver esta película en vez de ir a sentir pena ajena por la inclusión forzada de “Blancanieves” de Rachel Zegler o llenarme de toneladas de ‘cringe’ con otra película mexicana llamada “Qué huevos Sofía” (y su elenco de influencers funables).

Elegí “1938” por curiosidad (y porque estoy muerto por dentro). Independientemente de que en mi trabajo escribo sobre PEMEX, en verdad me gusta mucho la historia de México, y no hay etapa escolar en la que no escuches las hazañas del único presidente de México post revolucionario que es medianamente querido por la mayoría de los mexicanos “Lázaro Cárdenas del Río”.
Aunque la película se estrenó apenas el 18 de marzo, día en el que se conmemora la expropiación petrolera, la cinta está a punto de ser borrada de las salas mexicanas por su baja asistencia. Durante su semana de estreno no logró figurar entre las 10 películas más vistas del país (CANACINE).
Me compré unas palomitas de mantequilla y un ICEE de mango para sentarme por 100 minutos a ver una cinta somnífera y sin chiste, de esas películas que urge que lleguen a una plataforma de streaming para que te sirvan de ayuda para conciliar el sueño en esas noches de insomnio.
Había solo cinco personas en una sala a la que le caben más de 200 personas. Me imaginé historias con cada uno de ellos, pues no dejaba de preguntarme… ¿por qué estas personas están a las 21:15 hrs. de un bonito miércoles viendo esta película?
Bueno… ya te puedes imaginar porqué. En medio de la sala, estaba un señor de mediana edad que tenía toda la pinta de ser un profesor universitario de filosofía, literatura, economía política o, simplemente, historia. Iba acompañado de su ‘chava’, mucho menor que él. Ella iba muy bien arreglada, portaba unas botas vaqueras y una chamarra de mezclilla, por lo que imagino que ella esperaba ir a bailar o a un lugar más animado… me imagino la sorpresa que se llevó cuando la llevaron a ver un drama patrocinado por PEMEX y CFE.
Más al fondo, había una pareja de viejitos, de esos que compran unas palomitas jumbo para compartir y llevan a escondidas sus botellas de agua de jamaica “Ciel” en el bolso de la dama. Estoy seguro de que alguna beca del Bienestar patrocinó esas entradas.
Finalmente, ahí estaba yo, y como quiero ahorrarles la entrada del cine, abordaré mi reseña con spoilers, así que prepárate.
“Hay capítulos de La Rosa de Guadalupe mejor producidos que esto”. Se nota que la película fue un encargo gubernamental que se realizó con tres pesos.
Fue de mucha ayuda que el Gobierno de México le haya prestado las instalaciones de Palacio Nacional a los productores de la película, ya que ahí se lleva a cabo el 70 por ciento del filme, ya sea en oficinas, jardines, pasillos, escaleras, etc.
Con excepción de algunos videos de archivo, durante 100 minutos de la película, nunca se ve una refinería, una gasolinera antigua de PEMEX (que tenían su ondita), una pipa, un barco, una comunidad petrolera, ni una gotita de petróleo, nada…
Aunque ya sabemos lo que pasó, en ningún momento de la película dudas que Lázaro Cárdenas no se saldrá con la suya, ya que los empresarios gringos y británicos que eran accionistas de las petroleras extranjeras que operaban, en ese tiempo, en el país, eran unos verdaderos ‘asnos’.

El ‘poder del guion’ siempre benefició a Lázaro Cárdenas, mientras que los empresarios estadounidenses están llenos de clichés, ya que parecen los típicos villanos genéricos de Marvel que son malos porque sí.
Estos señores son muy tontos para hacerle algún tipo de daño al ‘Tata’ Cárdenas o a un niño de cinco años. Eran los peores negociadores del mundo, hacían chistes tontos, aceptaban que eran corruptos y lo peor de todo, jamás se dieron cuenta que una secretaria mexicana que tenían, filtraba información a la prensa (al ratito hablaremos más de ella).
Cuando no hay villanos sólidos en el ‘viaje del héroe’, simplemente, no hay una narrativa que sostenga una historia, así que ahí empezamos mal.
Todo fue demasiado sencillo para el presidente Cárdenas, que, aunque en ocasiones aparenta un ligero sufrimiento, siempre logra salirse con la suya.
La historia está acompañada de breves ‘mini historias’, ya sea de unos habitantes Yaquis que le piden ayuda a Lázaro Cárdenas para realizar una presa en su comunidad, o la de la sirvienta del presidente que suele contarle cosas ‘random’ de su vida para que este aparente ser un líder muy empático y comprensivo. Ninguna de esas historias tiene un seguimiento o un final, se les olvidaron a los guionistas.
Aunque la película gira entorno al presidente Cárdenas, hay algunos personajes secundarios medianamente relevantes.
Uno de ellos es un periodista del periódico “El Nacional” que siempre fue un perfecto inútil. Si no fuera porque se estaba ligando a la secretaria bilingüe de los gringos, él sería incapaz de obtener información publicable.
Pero la secretaria interpretada por María Penella (nieta de Chespirito) es, verdaderamente, un hígado. Es un personaje demasiado adelantado a su época. Aunque entiendo que buscaron plasmar en su personaje los primeros intentos de feminismo (luchar por el derecho al voto, a la educación y a la equidad de género), el personaje es insoportable. No tiene carisma, siempre está enojada y gritando. Además, tiene la escena que más pena ajena me ha dado ver en una sala de cine: “se pone a cantar un himno revolucionario como canción de cuna”.

Incluso, se nota que el personaje lo escribieron al vapor, ya que en una escena al final de la película, se muestra muy preocupada de que se quedó sin trabajo por la expropiación petrolera, ya que sus jefes gringos no le quieren ofrecer nada en México u otro país por ser mexicana, pero 30 segundos después (sí, ¡30 segundos después!), le presume al periodista que se andaba ligando, que le ofrecieron trabajo como directora de comunicación social de PEMEX, por lo que ahora sería su jefa. Seguramente hicieron el guion con ChatGPT y nadie lo reviso.
El único personaje que me parece medianamente relevante y bien construido es el de Francisco Mujica, mano derecha del presidente Cárdenas, ya que, gracias a su respaldo y apoyo, el presidente no se rajó con la expropiación. Bien por ese personaje.
De ahí en fuera, todas las escenas parecen sacadas de documentales. No ofrecen una visión fresca, natural o innovadora. De hecho, me sorprende que el director de la película haya dicho que le llevó 20 años de investigación realizar el guion del filme, ya que no hay absolutamente nada nuevo o revelador. ¿¡Qué hizo en esos 20 años!?
Las escenas más importantes deberían haber sido cuando el presidente Lázaro Cárdenas se dirige a la nación, vía radio, para informar que expropiaría los activos de las empresas extranjeras petroleras y cuando el pueblo decide donar “aunque sea un pesito” para pagar la indemnización a los gringos y británicos.
Sin embargo, he visto podcast con más emoción que el mensaje de Lázaro Cárdenas. Parecía que estaba conduciendo “La Hora Nacional” y que en cualquier momento ofrecería algún producto de nopal hecho por estudiantes del Politécnico Nacional.
Respecto a la segunda escena, se nota que no hubo presupuesto para contratar extras o locaciones, ya que podrían haber filmado diversas escenas donde viera a la gente contribuyendo con la causa, pero decidieron poner imágenes de archivo borrosas y en blanco y negro.
Finalmente, solo me gustaría destacar una de las escenas más bochornosas que he visto en mi vida. Momentos antes de que Lázaro Cárdenas tomara la decisión de expropiar, se le aparece Benito Juárez en un sueño, al puro estilo de Gokú cuando se le aparece a Gohan para derrotar a Cell.
Todo está mal con la película. No te genera emoción y menosprecia este evento histórico, ya que cualquier persona que no sepa lo que pasó, podría decir que la decisión de la expropiación petrolera fue ‘pan comido’, ya que las empresas extranjeras, prácticamente no opusieron resistencia, cuando en la vida real, hubo boicots, huelgas y eventos violentos.
Siento que la película fue hecha con flojera, cero creatividades en las escenas, lugares comunes, y lo peor de todo: Diálogos que parecen sacados de monografías, ya que ningún mexicano de esa época hablaría como lo hacen los personajes.
Ni siquiera vamos a mencionar las imprecisiones históricas y las licencias creativas que se tomaron para contar la historia, ya que, desde el inicio, el director explica que aunque la historia está basada en hechos reales, en realidad, es una ficción adaptada al cine, ósea, que harían lo que quisieran, como incluir a Diego Rivera y Frida Kahlo en una escena random (en verdad, sus apariciones son intrascendentes).
La actuación de Ianis Guerrero (Moisés en Club de Cuervos) es cumplidora, aunque hace demasiados gestos, siempre parece que está esperando a que le den una mala noticia o que se acaba de comer un chile habanero y no aguanta las ganas de ir al baño.
Por lo que se ve en los créditos del filme, los recursos económicos provinieron de la Comisión Federal de Electricidad (a través de CFEnergía), PEMEX, el estímulo fiscal EFICINE, inversionistas privados, UNAM, entre otras dependencias. Sí, dinero público echado a la basura, pues obviamente, no va a recuperar su inversión con las taquillas del cine.
Desaprovecharon la oportunidad de contar uno de los acontecimientos más importantes de la historia de México para hacer una historia simplona, aburrida y sin creatividad. Estoy seguro de que cualquier documental del tema es más interesante que esta cinta.
Al menos me sirvió ese tiempo para recordar que me hacía falta medio kilo de pechuga en filetes, pan molido, huevos y unas botellas de Topo Chico.



